Nos gustan, nos chiflan las gangas, los precios bajos, los artículos que ponen precios en rojo y bien grandes, y aunque no los necesitemos tenemos que acumularlos, da igual que pienses que el consumismo no es bueno tienes que aprovechar que esa camiseta que no es que te guste especialmente pero el precio es menos que el café de media mañana, eso si bien cargadito de azúcar.
Se pone de moda todo, rebajar hasta muebles, algo impensable para la generación de nuestros abuelos o padres, que sólo veían ese sillón ofertado si se rompía con el trasporte o si se equivocaron con el color, que ni esas. Y ahora también está de moda el rebajar los sentimientos, si es verdad ...se rebajan los sentimientos porque no hay tiempo para ellos.
La vida corre tan deprisa, que ya las maratones se hacen asequibles a precios de ganga, para aquellos que no corrían más que de un lado a otro de su calle y para comprar el pan, o sacar el perro.
El amor, la pasión, la dedicación, el altruismo, el respeto, el cariño, la admiración ...también se encuentran en el estante de ofertas para todos aquellos que no se quieren gastar mucho y esperan a la época que sale más baratos.
Los abrazos a mitad de precio, y a veces se regalan, y los besos ya a penas te cuestan lo mismo que un par de calcetines de los baratos, eso si muy suaves y cómodos. Puede parecer atractivo, e incluso puede que quieras adquirir mas de los que puedas dar... pero no son artículos muy apreciados hoy en día, y aún en rebajas no se venden lo suficiente. Está claro que la demanda y la oferta no van de la mano en este mercado.
Me fascina el sentimiento de la observación, pero el de la apreciación de los detalles, eso si nunca está rebajado y este tampoco es que se adquiera con facilidad, digamos que es un artículo de lujo. A pesar de ello, últimamente me lo gasto casi todo en esto, miro detenidamente a las personas, el paisaje, los detalles, las cosas desde el prisma de una inquietud más delicada. Me encanta mirar en silencio, eso no hay dinero en el mundo suficiente que lo pague, observar que no es lo mismo es otro nivel.
Observo cada amanecer como si fuera el último, emociones a flor de piel cuando saliendo de mi casa sale el primer rayo amarillo casi naranja, con nubes a la mitad, y esa indiscutible belleza de la costa y el mar desatando carácter que avisa oleaje, se mezcla con el verde de la cumbre que me da la bienvenida...no puedo evitar emocionarme de esos sentimientos que cada vez me agitan un poco más.
Tu sonrisa, ya remata de alegría los días, y la de la chica de la cafetería al servir mi primer café, la de mis amigas y ya oír la carcajada de mi madre cuando le suelto alguna broma no tiene precio, esas siempre me salen gratis.
Que bueno sería que tuvieran éxito rotundo estas ofertas sentimentales, y que todos las incluyeran en su bolsa de la compra, así de manera diaria, que fueran casi de obligado cumplimiento, en los tiempos que corremos y teniendo en cuenta que esto lo empecé a escribir hace más de un año, sin mascarilla ni oliendo a gel en la oficina, me derrite pensar que se valoran al alza los sentimientos, y que cuando vuelvan los abrazos y los besos generalizados les demos su verdadero valor.
p.n.8 "Qué bonito sentir en plurar, y en singular, que bueno tener sentimientos hasta en épocas de confinamiento"

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