miércoles, 3 de noviembre de 2021

El Hierro me salvó la vida...

El Hierro me salvó la vida...

Llegué en año de Bajada, eso era una premonición, no iba a ser fácil pero si intenso y maravilloso, como el camino. Con sus paradas, sus piedras, pero sus momentos de pitos, tambores y chácaras rezumbando por la cumbre, con un sentimiento a flor de piel, emoción, amor y fe por cada centímetro recorrido. A pesar de saberlo no lo he vivido, pero si he escuchado historias, vivencias, sólo se entiende cuando conoces y comprendes a los herreños, formas parte de su historia, entras en su día a día, que suerte tuve siendo una más. 


Y como es la vida, que me voy en año de Bajada, las casualidades existen pero el destino también, eso era lo que marcaba el mío, tampoco pude vivirla este año pero la promesa de hacerla se queda en la Dehesa. Sobreviví pandemia, volcán, crisis migratoria, social… años complicados que nunca imaginé vivir y a nivel personal no fue mucho mejor, con una impotencia constante pero a pesar de esto la sensación de sentirme afortunada por vivir en esta isla no se desvaneció.  

Entré en el barco hace cuatro años, cargada de maletas llenas de energía, ilusión y un enorme sentimiento de superación y ganas de trabajar por una isla que años atrás me había atrapado. Enamorarse de esta isla, es fácil, yo lo hice, pero algunos no pasan la prueba de fuego y vivir aquí se trunca en ocasiones... lo que me repitieron hasta la saciedad "o la odias o la amas...esta isla no tiene termino medio". Tuve y tengo suerte, el amor me tocó desde el primer día y me marcho con más amor del que pude imaginar algún día recibir, con gente maravillosa y lugares que están clavados en mi retina. 

Despertar en una isla donde reina el silencio es una quimera, por lo menos para la gran mayoría, los amaneceres son más intensos y los atardeceres se frenan, el frío se siente dentro hasta el fondo, los niños se ríen en las calles, la calma te persigue, el anonimato se desvanece desde que pronuncias tu nombre por primera vez...quizá un poco antes. Los paisajes de cada esquina te invaden y se convierten en tus fotografías preferidas, el mar se te graba en la piel, el sol te acaricia sin dañar, las flores tienen más color, y las estrellas te alumbran desde cualquier rincón. Los miradores desde Jinama, hasta El Pinar, desde Valverde hasta Frontera, desde El Faro hasta Las Playas, todos y cada uno de ellos me envolvieron, sus charcos, mi Tamaduste... los caminos, su monte, su sabina, sus vinos... son tantas cosas las que puedo decir que no terminaría ni en una semana escribiendo. 

El alma se te llena, si conectas con la isla, si logras formar parte de esto te recargas con la magia que supone sentir la isla más occidental y meridional de las Islas, más alejada y más ajena, sensible, sorprendente e impasible. 

Lo que nunca imaginé fue vivir tantas cosas en tan poco tiempo, aprender nuevas cosas, enamorarme, tener una mascota que me cuidara, hacer lo que me apasiona, luchar por un trabajo y ganarme un hueco en la sociedad herreña, compartir mil historias con nuevos amigos, crear un increíble grupo de natación que se convirtió en una gran felicidad y motivación, poder hacer deporte en cada rincón de la isla, ayudar a emprender proyectos ilusionantes a personas de esta maravillosa isla, reír tanto, llorar más, recibir tanto cariño, …estoy tan agradecida que mi corazón sin duda en parte se forjó gracias a estar aquí. 

Vivir aquí es algo más que residir en un lugar, es formar parte de un sentimiento. Y en sentido literal a esta isla le debo estar viva, porque estoy convencida que si llegué aquí es para que pudiera saber que, ante una vida calmada y en paz, descubrir que algo no va bien sólo se puede saber en un sitio como este. Por todo ello y sin entrar a dar más detalles que no son necesarios, no vine aquí para buscarme la vida y aportar, vine porque tenía que estar para sentir y mejorar, para que tuviera la segunda oportunidad que muchos no tienen, y poder seguir viviendo... porque El Hierro a mi me salvó la vida. 

**Gracias a mi grupo de natación por quererme y cuidarme tanto, han sido mi inspiración y mi salvación, más de cuarenta herreños y otros tantos de fuera que pasaron por mis clases que confiaron ciegamente en mi, a Edu y Kiko, a todo y cada uno de los amigos que hice y tengo en esta isla, herreños y de fuera que terminaron como yo aquí, que siempre llevaré en mi corazón, son tantos pero cada uno sabe lo mucho que los quiero, a los usuarios y personas que confiaron en mi trabajo, a las personas que me lo pusieron difícil que me hicieron mucho mejor de lo que soy, a todos los que en mi día a día me hicieron sonreír, los compis de tantas y tantas anécdotas, cafés, deporte, mi pueblo de El Tamaduste, a todos los pueblos de esta isla con los que tengo algún recuerdo...tanto de Frontera como de El Pinar, aunque Valverde fuera mi hogar, a las instituciones y representantes que me abrieron las puertas y su amabilidad para ayudarme a seguir luchando, a todos GRACIAS porque desde el momento cero que llegué a este lugar era para quedarme, pero como siempre la vida te cambia los planes.   

(Le dedico este cachito de mi historia a Anabel, una luchadora y admirable mujer que El Hierro puso en mi camino y pronto abrazaré.)#nadamoscontigoguerrera