viernes, 12 de mayo de 2017

La maldita bendición de tener poca memoria...y otras cualidades que no recuerdo

La memoria es algo que siempre quisimos controlar, y desde que existe razonamiento humano incrementar, como casi todo lo que reportara beneficios, como los romanos inventaron la moneda para llenarse los inexistentes bolsillos, o como algunos queremos aumentar los kilómetros recorridos...en la variedad reside el gusto.

Algunos amaneceres tardíos intento leer, descubrir algunas nuevas noticias o simplemente revisar las alertas de mi correo, mi mente lo pide...y esas efímeras mañanas o quizás tardes enteras intento echar un vistazo a la realidad de nuestro alrededor, del país vecino o de mi pequeña calle...esa que nos quieren vender. La verdad que interesa o no tanto, alguna real otra no tan verdadera, quizá algunas no las queremos creer, otras simplemente superan la ficción.

Montañas de letras se acumulan en mis pupilas cuando intento descifrar esas palabras que a penas habré visto en mi vida, y después las miles de medias verdades o mentiras que quiero entender el porque complicamos la existencia de un mundo lleno de simplicidades como nosotros que las tergiversamos todas. Leí en mi agenda un día de esos agobiantes, consciente de  mi sobria oficina esas citas que traen las hojas llenas de tareas..."Di la verdad de vez en cuando para que te crean cuando mientas", cierto que la veracidad de mil cosas se entremezclan con los agrios ingredientes de las falsedades.

Si es verdad o no quizá, a nivel personal pasa lo mismo, nos complicamos demasiado y el limite entre la verdad y la mentira nos juega malas pasadas. Que nos creemos de nosotros o que no de los demás, y si lo que nos dicen será cierto o falso, en eso entra la maravilla de la mente que a veces recuerda o no tanto lo que nos hace daño. Dicen que es más difícil de olvidar un mal recuerdo, que mil momentos maravillosos vividos, no creo que sea así aunque seguro que como el resto me equivoco, pero ¿no creen que depende más de nosotros, lo que queremos recordar?

No quiero recordar lo malo, pero tampoco quiero olvidarme de lo que no me hizo ser mejor... y volver a repetir de nuevo mis torpezas y mis amagos de entender el cruel resultado de mis actos fallidos, aprender ahí está la clave, retener el conocimiento pero suprimir el dolor de la caída. Y si, existen muchas formas de no machacarse continuamente con eso. Lo de tener mala memoria ayuda pero lo de arriesgarse ayuda mucho más, pasa en el amor y en la guerra.

Desde que tenemos edad de razonar nos han vendido la idea que memoricemos todo, que aprendamos lo máximo, usemos la cabeza para retener la mayoría de datos posibles, no creo que sea malo pero no creo que eso sea lo más importante. Es bueno usar la cabeza, aprender cosas nuevas, y tampoco quisiera nunca olvidar a montar en bici, ni nadar...pero para que queremos ocupar todo nuestro disco duro con cosas que no vamos a utilizar nunca, como aquellos malos recuerdos... de ver llorar a la gente que queremos, de gritar por tristeza, de esa parte cruel e injusta del mundo, insufrible y hermosa tierra que nos da y nos quita la misma cuantía de momentos inolvidables...de tu mirada...de tu tiempo y del mío, de los besos sin dar o los abrazos sin sentir, de esas palabras malsonantes, y de las que hacen daño también, de ver sufrir a nuestra madre y a nuestro padre quizá, de discusiones sin sentido, de mentiras, de cosas sin decir, de personas pasajeras...y así varios gigas de memoria.

De lo que nunca nadie se quiere deshacer es de las sonrisas, de sentir pasión por la vida, de los retos y objetivos conseguidos, de los abrazos, los bonitos gestos, de los besos apasionados, de las miradas cómplices, de las ayudas recibidas y las dadas, en definitiva de los momentos mágicos cuando a veces existen, de tu perfil bueno que es mi nueva perdición. No te quieras olvidar de los años que pasan, las experiencias acumuladas que si son un grado y marcan la diferencia, por mucho que me quieran convencer que la edad es un número o solo canas nuevas, aunque quiero ser niña toda la vida, con más conocimientos, con más cicatrices, aunque me siga equivocando como cuando era una veinteañera algo confiada que pensaba que sabía lo que era la vida y madurar.

Aunque es una simple tarea, casi siempre es un reto no hablar en primera persona, prefiero no contar mi experiencia pero por instantes es inevitable, permítanme en este segundo haga un stop en esta pequeña reflexión, y hable de esa señora que en mi familia conocemos pero ella ya a nosotros no. Esa maldita y destructiva enfermedad de acabar con los recuerdos, finiquita los simples gestos del día a día, esa enfermedad de nombre extraño, que algunos adquieren por momentos temporales y olvidan lo que les conviene. Todo esto viene porque algunos no eligen olvidar, no escogen dejar su mente en blanco y eso es un gran castigo, no para el que lo sufre sino para los que le rodean y observan como si no hubieran pasado mil historias y recuerdos. Aunque el mundo parece que nos quiere decir una y otra vez que no olvidemos todo lo que nos ha hecho daño, nosotros insistimos en incidir en las mismas malditas costumbres de cagarla de nuevo.

Robo lo que me dijeron hace poco y repito que si me dieran a elegir, prefiero el dolor a la nada, prefiero recordar que tener mala memoria, prefiero repetir una y mil veces más esos instantes de sufrimiento, por no dejar de fotocopiar en mi mente los buenos y maravillosos momentos que he pasado, esos que te sacan una sonrisa y ponen un millón de pelos de punta. Me estremezco al pensar que puedo ser la próxima victima y el pequeño alfiler del mundo que pierda la memoria, que olvide tu nombre tu cara, tu parte buena, que no recuerde el intenso olor de mi madre cuando cocina en su camisa alargada y con salpicaduras del quehacer, y así mil pequeños grandes detalles de mi insignificante vida.

De esa maldita bendición, que me libre mi Dios y el resto de dioses ...de tener poca o mala memoria.

FLR