jueves, 14 de julio de 2016

Retales que dediqué a tus manos...


Densas y arduas herramientas, castigadas y cuidadas al mismo tiempo, con testigo de los roces de sus cuerpos, sin marcas por ello, sin sal y sin viento. Con dulzura que albergaron mil notas, sin huellas por el rápido movimiento que usaste en mi contra.

A pesar de las estocadas en las sinuosas formas de tus malsonantes miradas, a pesar de la forma de balancear tus manos en mi cuerpo, aún con ello sigo pensando que la dulzura de tus cambiantes melodías siempre impedirán mi huida. A pesar de ello...sigo pensando que tu voz me atrapa. 

Esas anestesiadas muñecas fueron las culpables de no poder evitar la cruel y dulce tortura de pasar tus yemas por mi cabello...y rendirme ante tu vil intrusismo en mi vida. Sin pensarlo sin decirlo...se acercaron las malditas a ese pelo que uno a uno se enrola en tus dedos...sin quererlo, sin buscarlo se acercan se mezclan y se escapan hacia esos hilos de terquedad que escupe mi castizo pensamiento.

El fin de tus largos dedos, que terminan en lanzas llameantes de ásperos recuerdos, teñidos de dulzura y de cambiante acento, no fue devoción de mi santo. Cambio la mirada y no dejo de observar la belleza de tus armas.

Tus manos, tus huesos de acero y piel de avellana, tu tacto con táctica de alfil, sufrió de desencanto varias veces sin que perdiera un ápice de elegancia.

Y cayó mi sombra por la amargura de no ver tu sonrisa, y calló mi alma cuando tus ojos no me miraron, a pesar de la luz no dejé de ver en blanco y negro. No supe distinguir entonces la verdadera distancia al cielo, y al final desperté del sueño y me di cuenta que no era más que un real invento.

Se acercaron y lentamente me torturaron, sin piedad y sin lamento...esas malditas ganas de castigar esas batallas que no paran...y que aunque sin oposición de mi cara buscaron de nuevo esos dedos para mirarlos con recelo, y desconfianza con discreto silencio.

Y era de esperar que pasara...era de suponer de la manera que me dabas la mano me la soltaras...y al final ausente y más fuerte que antes decidí aunar sobrantes hilos de cordura y marché a una nueva aventura más que conocida...y desperté del sueño.

La imaginación me traiciona y aún no desespero por volver a tu encuentro, sin dejar de pensar en cuáles son tus pensamientos, cuales las ganas, cual el deseo.

Diez que parecían mil y un ataque a mi paciente tranquilidad, diez que fueron un millón de látigos de dulces destellos al mismo tiempo, desvanecidos en un suspiro recordados sin un lamento, en silencio y cordura que perdí y recuperé al momento.
F.L.R



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