Si escribimos la palabra memoria
selectiva en el famoso buscador Google, aparecen más de 158 millones de
entradas, lo que me hace pensar en que la memoria selectiva es una quimera.
Dice la primera definición que leo, “en las personas promedio, los psicólogos
consideran que la memoria selectiva es una herramienta útil en la vida
cotidiana de cada una”.
Seguramente a más de uno nos
gustaría tener el poder de borrar algunos recuerdos de nuestra mente, el poder
de seleccionar lo que recordamos o no, creo que más bien sea cosa de la suerte
o la mala suerte de tener una enfermedad mental que borra nuestros recuerdos.
Echando la vista a tras me doy
cuenta que borraría de mi memoria más de una noticia de los diarios, y de la
realidad. En Canarias eliminaría los incendios que desgraciadamente se han
llevado nuestra hermosa naturaleza y destrozado a familias enteras como ocurría
el pasado agosto en La Gomera.
Por supuesto, borraría lo malo
del mundo de mi memoria, el paro de nuestro país, de nuestra Comunidad de
nuestro pueblo, de nuestras familias y amigos. Que sería de la opción de borrar
opcionalmente si no quitara la CRISIS que tanto daña a la sociedad que la
sufre. Es verdad que se habla de política, de economía, prima de riesgo,
reuniones de las altas esferas en Europa, elecciones adelantadas, pues yo tacharía
el sufrimiento de la gente de nuestra memoria.
Son numerosos los recuerdos que
borraría cada uno a título personal, los malos momentos de las pérdidas de
familiares o amigos, las deudas, las separaciones, la desesperación, la
enfermedad, la desilusión, la falta de sueño, el hambre, el frío, el calor, es
verdad cada uno eliminaría de su cabeza, como si de un puzle se tratara la
pieza que le hace recordar algún tipo de dolor que ha pasado en la vida.
Todo esto es verdad, es algo que
pasa, se confirma que cada persona quisiera controlar su mente, quisiera elegir
lo que recordar y nunca olvidarse de lo bueno, de donde pusimos las llaves o de
lo que hacer pendiente sin apuntarlo. Hay afortunados con mentes privilegiadas,
pero lo que está claro que cada uno de esos recuerdos, cada momento, cada
instante y cada segundo, pasa para aprender, para hacernos más fuertes, para
crecer o para nada, en definitiva nos guste o no, escogeremos nuestra forma de
vivir y relacionarnos con los demás pero hasta que no inventen un chip para el
cerebro, no podremos escoger nuestros recuerdos.
P.D: En honor a un recuerdo que nunca quitaría de mi cabeza,
la boda de Anton y Yure. FLR

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